Los asesinos de Fincher (I)

(Nota: este artículo fue publicado originariamente en el ‘El Color del Cine’ durante agosto del 2015)

David Fincher

Todos los artistas tienen sus obsesiones. Ya lo comenté en mi artículo sobre Guillermo del Toro; todo director que se tome el cine como algo personal, tendrá una serie te temas que, al obsesionarle, podremos encontrar en todas y cada una de sus obras.

A David Fincher le obsesiona el mal. No un mal ambiguo, oscuro y húmedo que proviene de algún lugar desconocido y ajeno, posiblemente sobrenatural, sino el mal que se pasea por las calles a plena luz del día. El mal que va contigo al trabajo y te saluda cada mañana; el mal dentro del ser humano.

El asesinato, como efecto y expresión del mal está muy presente en la filmografía del director estadounidense y forma parte del contenido fundamental de cuatro de sus cintas más exitosas; Seven, El club de la lucha, Zodiac y Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres. No obstante, el acercamiento que Fincher realiza a los asesinos en cada una de sus obras no puede ser más diferente. Todo para nuestro disfrute.

John Doe: El absoluto desconocido

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Seven se estrenaba en 1995 una época en la que el thriller policíaco con asesinos en serie estaba más de moda que nunca. A primera vista el guión, de un desconocido Andrew Kevin Walker, no contaba con ningún elemento que le hiciera sobresalir por encima de los otros thrillers. Sus protagonistas eran una arquetípica pareja de policías que, además, se encontraban en diferentes etapas de su carrera profesional. Sin embargo, ambos terminaban formando un buen equipo. El ambiente de la cinta era pesimista y oscuro como el de todo producto hijo de la novela negra más clásica y los asesinatos, a cada cuál más original y escabroso, cumplían el objetivo de fascinar, a la vez que repugnar, a la muy morbosa audiencia.

Pero Seven destacaba por encima de las demás. El magnífico trabajo del equipo capitaneado por Fincher, devolvía un producto técnicamente superior a los demás thrillers de la época, lo que unido a su sorprendente final, catapultó a la película a lo más alto del olimpo cinematográfico.

Y no podemos olvidarnos del asesino; John Doe. “Fulanito”. Un nombre que no es un nombre para un hombre que tampoco lo es.

Una de la cosas más fascinantes de la cinta es que en ella llegamos a conocer todos y cada uno de los detalles de los asesinatos pero nada de nada del perpetrador. Vale, es cierto, llegamos a ver su cara pero, aún así, no conseguimos saber absolutamente nada más allá de su aspecto físico. ¿Quién es John Doe? ¿cuál es su verdadero nombre?, ¿a qué se dedica?, ¿cuál es su motivación para matar, de una forma tan cruel, a gente a la que apenas conoce?

Seven es una cinta donde los asesinatos son una mera excusa para hablarnos del mal y de su efecto en las personas, concretamente, en el personaje de Brad Pitt. Mills pasa de ser un joven policía felizmente casado con el amor de su vida, a ser un hombre que ha perdido todo por un fortuito encontronazo con la maldad. “Podría haber sido cualquier asesino” parece querer decirnos Fincher al usar a un personaje tan poco definido como John Doe.

La magnificencia de Seven, además, se basa en que estamos ante una película que equilibra perfectamente el desarrollo de la trama y de los personajes.

Tyler Durden y el narrador: nuestros amigos terroristas

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Nadie puede negar que El club de la lucha es la obra maestra de Fincher. Su cinta más redonda y personal hasta la fecha se estrenaba en 1999 siendo una adaptación increíblemente fiel de una novela del también genio Chuck Palahniuk.

¿De qué va El club de la lucha?, bueno, muchos dirán que del encuentro entre El Narrador y Tyler, la fundación del club y el descubrimiento de que ambos son dos personalidades encerradas en el mismo cuerpo. Pero, ahora de verdad, dejando a un lado la sorpresa de la doble personalidad; ¿de qué va en realidad El club de la lucha? pues de un oficinista con problemas mentales que crea y organiza un grupo terrorista con intención de acabar con la sociedad capitalista ¿o es que te olvidabas de las bombas?

Aunque El club de la lucha, al igual que las demás pelis de Fincher, también equilibra muy bien trama y desarrollo de personajes, aquí el truco se realiza de forma opuesta a en Seven. Si en la primera cinta el argumento nos distraía de la historia personal de Mills aquí el personaje principal nos distrae de la crítica política y social. Además de eso, si en Seven no conocíamos al asesino, aquí no podemos dejar de hacerlo ya que estamos dentro de su mundo y asistimos a los hechos desde dentro de su cabeza.

Fincher nos muestra a el mal en forma de un terrorista que derriba los edificios que representan los valores de la sociedad en que has nacido y crecido. Pero lo entendemos. Lo comprendemos. Nos fascina. Somos capaces de olvidar los delitos del protagonista (de los que apenas sabemos nada) siempre y cuando podamos seguir oyéndolo hablar. No lo condenamos, queremos más.

Hasta aquí la primera parte de análisis de “Los asesinos de Fincher”. No se si mejor, pero, desde luego, la semana que viene habrá más. ¿Qué te ha parecido esta primera parte?, ¿estás de acuerdo con el análisis? Cuéntanoslo en los comentarios

Mi experiencia en el Camp NaNoWriMo 2016

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Seguro que has oído hablar del NaNoWriMo, el evento que reúne a escritores de todo el mundo con la intención de apoyarlos y motivarlos a escribir su novela durante el transcurso de noviembre, que es, para los creadores, el mes nacional de la escritura.

Desde su debut online durante el 2005, el NaNoWriMo no ha hecho otra cosa que ganar popularidad año tras año, batiendo todos sus records en el 2015 con más de 430.000 participantes que, para ganar, debían escribir más de 50.000 palabras o, dicho de otra manera, llegar a la longitud de lo que se considera una novela corta.

El problema es que, al ser un evento anual, hay muchas personas a las que les es imposible participar, sin ir más lejos, los estudiantes que se preparan para exámenes en diciembre. Por eso, en el 2011 nacía el Camp NaNoWriMo, un evento bianual y algo más abierto que el oficial, que te invita a darte una maratón de escritura tanto durante el mes de abril como el de julio.

Tras varios años sin atreverme a inscribirme en el NaNoWriMo, este verano me he decidido a intentarlo en el Camp. ¿La experiencia? buenísima, ¿la novela? aún sin final. Os cuento un poco cómo ha ido todo.

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Cuatro razones por las que 11.22.63 no es la adaptación que esperábamos

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El pasado lunes podíamos ver, gracias a Hulu, el octavo y último capítulo de la miniserie 11.22.63 que adapta la que es, en mi opinión, una de las mejores novelas de Stephen King.

La serie, producida por J.J Abrams y protagonizada por James Franco, contó desde el principio con el apoyo de King, que aprobó personalmente la mayoría de los cambios argumentales. El 15 de febrero del 2016 se estrenaba el piloto que fue recibido de maravilla tanto por el público como por la crítica.

Pero tras su segundo capítulo, 11.22.63 no ha hecho más que desinflarse semana tras semana, perdiendo seguidores y llegando a su finale sin generar demasiado alboroto. Y es que parece que las novelas de King son material maldito, imposibles de adaptar si no te apellidas Darabont o Reiner.

En 11.22.63 conocemos a Jake Epping un profesor de instituto que hereda de un amigo la misión de viajar en el tiempo para salvar al presidente Kennedy.

El problema es que el portal temporal lleva al viajero a 1960 (en el libro, 1958), tres años antes del incidente, por lo que Jake deberá integrase en la sociedad a la vez que recopila información sobre Lee Harvey Oswald, el que se convertirá en magnicida.

La novela de King funciona al milímetro porque consigue que los hechos históricos se integren perfectamente con la historia personal de Jake y Sadie. Además, King actúa como un mago ocultando las inevitables paradojas y proporcionando sólo la información necesaria para la narración de una forma tan emocionante como entretenida.

Todas estas cosas que hacen grande a la novela son las que se pierden en su adaptación ¿Que por qué 11.22.63 no funciona? Yo lo he resumido en cuatro puntos.

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Cinco pequeños juegos con algo grande que decir

Según leo en FSGamer, no soy la única que piensa que tenemos un problema con la narrativa en los videojuegos. Que sí, la tecnología avanza, que sí, tenemos bonitos diseños y buena dirección y, vale, muchos juegos cuentan con música y guiones de excelente calidad pero, aún con eso, la cosa sigue fallando.

En mi opinión esto sucede porque muchos juegos se hacen sin tener nada que contar. Hacer un juego por hacer un juego, por amor al medio o por ambiciones más técnicas pero sin una reflexión sobre qué quiero decir y cómo quiero hacerlo.

Y a esta conclusión he llegado por las jams. Una game jam es una quedada de desarrolladores con la intención de crear un juego a contrarreloj. Se celebran normalmente en fines de semana en un espacio concreto y pueden ser desde eventos locales a encuentros mundiales como el celebrado el fin de semana del 19 al 31 del pasado enero.

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Mi marido Miguel (izq) programando en la pasada Global Game Jam

Muchas veces la propia organización de la jam propone un tema y/o una serie de limitaciones para fomentar la creatividad e impulsar la imaginación de los creadores. Ese sistema funciona.

Como el tema de las jams suele ser secreto hasta el momento que esta comienza y los participantes deben ceñirse a él de forma original, suele ser común que muchos de los juegos resultantes contengan (o aspiren a contener) una pequeña reflexión personal del equipo sobre el tema.

Navegando por itch.io (steam es para los capitalistas con trabajo) he encontrado cinco pequeñas piezas que, con menor o mayor acierto, logran hacernos pensar.

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La narrativa, la asignatura pendiente en Firewatch

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El mundo de los videojuegos está evolucionando y lo está haciendo rápido. Hace unos años era difícil que algún producto llamara mi atención y ahora me encuentro con que hay más juegos que me gustaría probar que dinero disponible tengo para hacerlo. ¡Y es genial!, hay diseños variados, temáticas diversas y diferentes gameplays por lo que es fácil atraer (y atrapar) a todo tipo de público. Sin embargo y esto siempre en mi opinión, la narrativa parece que nunca está al nivel de lo demás. No hablo de que esté al nivel de los cómics, del cine o de la novela, me refiero a que no está al nivel del resto del producto. Lo he podido comprobar en el nuevo indie de moda, el alabadísimo Firewatch.

Vale, no voy a empezar diciendo que no me ha gustado Firewatch porque no es así (además no quiero que todos penséis que soy una vinagres), el juego tiene multitud de cosas buenas, empezando por su precioso diseño, y terminando por lo inmersivo de algunos de sus detalles (como, por ejemplo, el hecho de que te permita libremente hacer fotos del paisaje) pero su narrativa es una asignatura pendiente. En Firewatch encontramos errores de escritor novato que en cualquier otro medio no tan joven denunciaríamos sin dudarlo un momento.

Repaso alguno de ellos y no me corto con los spoilers, ¡daros por avisado!

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Todos queremos soñar en dorado

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Todos soñamos en dorado. Lo dice la academia en los posters promocionales de la que será la octagésima octava ceremonia de entrega de los premios Oscars. Y, vale, no vamos a engañarnos, es cierto. Cualquier persona que ha considerado dedicarse al cine se ha imaginado en algún momento sosteniendo la famosa estatuilla pero tenemos que aceptarlo, una cosa son los sueños y otra muy distinta es la realidad. Más allá del talento, la suerte y la preparación, hay dos características que te sitúan por encima a la hora de iniciar tu carrera por el Oscar: ser hombre y ser blanco.

Todos soñamos en dorado pero no todos vamos a conquistar el sueño porque, como ha quedado bien claro en las nominaciones, los Oscars no nos quieren a todos. ¿Machismo?, ¿racismo?, para mí, ambas cosas.

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Mis novelas favoritas del 2015

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Si tuviera que elegir (a punta de pistola, por supuesto) entre uno de los días del periodo navideño, me quedaría, sin duda, con el 31 de diciembre. Y no es por la fiesta precisamente (confieso que soy de las de irse a dormir temprano) sino porque me gusta el espíritu revisionista y optimista que parece envolver a todo el mundo el último día del año. Me gusta la sensación esa de pensar que todo va a cambiar en una noche mientras, a la vez, recordamos nuestras acciones anteriores.

Repasar, eso es lo que hay que hacer hoy. Y si ya hablé de mis películas favoritas del 2015 junto con mis compañeros en Objetivo:Cine, ahora me gustaría comentar algunos de los libros (no necesariamente los mejores) que he leído este año.

El 1 de enero me propuse, aprovechando la oportunidad que ofrece Goodreads de llevar un seguimiento, leerme 35 libros durante este año. Al final he leído 44. Estos son mis 5 favoritos.

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